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Alcance y límites

De dónde viene el eneagrama: lo documentado y lo heredado

La versión corta, y es la que casi nunca se cuenta: el símbolo y el sistema de nueve tipos no tienen el mismo origen. Uno llega a Occidente hace un siglo; el otro es de los años sesenta y setenta, y en buena parte es chileno.

Revisado el 15 de septiembre de 2026.

La distinción que lo ordena todo

El símbolo no es el sistema. La figura de nueve puntos —el círculo con el triángulo y la estrella de seis— llega a Occidente a través de George Gurdjieff, en las primeras décadas del siglo XX, y la enseña como un diagrama de procesos: una manera de representar cómo se desarrolla cualquier cosa en el tiempo, con sus dos leyes —la del Tres y la del Siete—.

Gurdjieff no enseñó nueve tipos de personalidad. Y eso no es una objeción de escépticos de fuera: lo escriben Riso y Hudson, de una de las escuelas grandes del campo, en su propio libro. Gurdjieff enseñó el símbolo sobre todo a través de danzas sagradas, para que se sintiera el proceso que representa. Sí le decía a sus alumnos avanzados cuál era su «rasgo principal», pero nunca enseñó un sistema de caracteres ligado a la figura.

Los mismos autores van más lejos, y es la frase que más pesa de todo este artículo: el eneagrama «tradicional» solo se remonta a los años sesenta, cuando Ichazo empezó a enseñarlo. La combinación concreta de tradiciones antiguas atada al símbolo, dicen, es creación suya.

La corrección sobre Gurdjieff y el alcance real de «tradicional». Fuente: Riso y Hudson, Understanding the Enneagram (2000).

La parte que sí está documentada, y es reciente

Quien conecta el símbolo con la personalidad es el boliviano Óscar Ichazo, que enseñaba lo que llamó protoanálisis. Y quien lo lleva al terreno psicológico es el psiquiatra chileno Claudio Naranjo.

De Ichazo casi siempre se habla en tercera persona, así que vale la pena mirar lo que publicó él. En un libro suyo de conferencias, editado por el Arica Institute de Nueva York con copyright de 1972 a 1976, aparecen sus listas impresas —las pasiones, las virtudes, los Principios Divinos—, y él no las llama «eneagrama»: las llama eneágonos. Ese detalle dice bastante: lo que está publicando no es un test de personalidad, es un conjunto de mapas de una enseñanza más grande.

Y de esta parte hay algo mejor que un recuerdo: hay un relato contemporáneo, publicado en 1975 por dos personas que estuvieron ahí. Dice que el 1 de julio de 1970, cincuenta y cuatro norteamericanos —la mayoría procedentes de Esalen y Big Sur— se reunieron en una sala del hospital de Arica, en el norte de Chile, para empezar diez meses de formación intensiva con Ichazo. De ese trabajo sale el mapa de pasiones que usan hoy casi todas las escuelas.

Y conviene repartir bien el crédito de los subtipos, porque casi siempre se reparte mal. Los tres instintos —conservación, social y uno a uno— vienen del protoanálisis de Ichazo: lo escribe el propio Naranjo en uno de sus libros publicados. Lo que Naranjo desarrolla, y es enorme, son los veintisiete retratos que salen de cruzar esos tres instintos con los nueve tipos. Uno puso el eje; el otro lo llenó.

Hay un detalle que se pasa por alto y que ordena el mapa: los primeros alumnos de Ichazo fueron chilenos, en Santiago, donde daba clases antes de aquello. Arica no fue el principio: fue el momento en que el sistema salió de Chile hacia Estados Unidos.

Dos cifras que no coinciden, y las dejamos las dos. El relato publicado en 1975 habla de cincuenta y cuatro personas y diez meses. Naranjo, escribiendo décadas después, recuerda haber organizado un grupo de algo más de cuarenta que estuvo cerca de un año. Pueden ser compatibles —una cosa es a cuántos convocó él y otra cuántos acabaron yendo—, pero no hay con qué cerrarlo. Cuando una fuente contemporánea y un recuerdo posterior discrepan, aquí se publican los dos y se dice cuál es cuál.

Conviene detenerse un segundo aquí. El eneagrama que se lee hoy en Latinoamérica tiene poco más de medio siglo, y una de sus dos figuras fundadoras era un psiquiatra chileno. No es una tradición remota: es historia reciente y bastante cercana.

Las listas que Ichazo publicó, en su propio libro. Fuente: Ichazo, The Human Process for Enlightenment and Freedom (1976).

Que la teoría de los tres instintos es del protoanálisis de Ichazo, dicho por Naranjo. Fuente: Naranjo, Transformation through Insight: Enneatypes in Life, Literature and Clinical Practice (1997).

La fecha, el número de asistentes y la duración, en un relato contemporáneo. Fuente: Lilly y Hart, «The Arica Training» (1975).

El recuerdo posterior, en palabras del propio Naranjo. Fuente: Naranjo, Dramatis Personae en la tragicomedia de la vida, en traducción no oficial.

Y entonces, ¿y lo milenario?

Las escuelas publican cronologías largas. En ellas aparecen Pitágoras, las nueve cualidades divinas de Plotino, los ocho «pensamientos malignos» de Evagrio Póntico —que son el antecedente de los siete pecados capitales—, el Ars Magna de Ramón Llull y la Arithmologia de Athanasius Kircher. También se menciona la tradición sufí naqshbandi y el cristianismo esotérico temprano.

Todo eso existió. La pregunta es otra: ¿hay algo que conecte esas piezas con el sistema moderno? Y ahí la respuesta más honesta no la damos nosotras — la da una de las propias escuelas, que en su cronología reconoce siglos sin documentación verificable entre el material medieval que enumera y la aparición del eneagrama de la personalidad en el siglo XX.

Que una escuela comercial conceda el hueco de su propia genealogía vale más que diez páginas que lo rellenan.

La cronología y el hueco que reconoce. Fuente: Integrative Enneagram Solutions, «Enneagram History».

Sobre el origen sufí. Es la parte del relato que más circula y la que menos se sostiene. Riso y Hudson la llaman, con esas palabras, una creencia extendida y errónea: muchos de los primeros entusiastas atribuyeron el sistema a Gurdjieff o a los sufíes porque Gurdjieff usaba algunas técnicas sufíes, y de ahí salió la idea de una «tradición oral». Puede haber influencias —Ichazo conocía varias de esas tradiciones—; lo que no hay es una línea documentada que las traiga hasta aquí.

Por qué esto importa y no es trivia

Porque la antigüedad se usa como argumento. «Un sistema milenario» suena a sabiduría probada por el tiempo, y eso hace un trabajo enorme antes de que hayas leído una sola descripción. Pero la edad no es evidencia: la astrología también es antigua.

Si el sistema tiene medio siglo, la pregunta correcta deja de ser cuán viejo es y pasa a ser qué lo respalda ahora. Esa pregunta tiene respuesta, y es incómoda para todos los lados: la revisión que midió 104 muestras encontró evidencia mixta.

Lo que el propio Naranjo concedió

Ya mayor, en el prefacio de uno de sus últimos libros, Naranjo escribió que el mundo académico no ha aceptado estas ideas y que, ante la cantidad de literatura de charlatanes que circula, tiende a considerar todo lo relacionado con el eneagrama pura charlatanería. No lo dijo con amargura: dijo que le parecía una reacción comprensible, aunque esperaba que con el tiempo cambiara.

Es lo más parecido a una declaración de alcance que ha dado este modelo, y viene de quien lo construyó.

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