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Alcance y límites

Cuántos tipos encuentran los tests cuando alguien los mide

Menos de los que el modelo promete. Y lo llamativo es que eso pasa en dos sistemas distintos que no se hablan entre sí, medidos por gente distinta con diecisiete años de diferencia.

Revisado el 16 de septiembre de 2026.

Qué se midió en cada caso

El eneagrama. Una revisión sistemática de 104 muestras independientes, publicada en 2021 en el Journal of Clinical Psychology, encontró que los análisis factoriales suelen arrojar menos de nueve factores, y que ningún trabajo ha derivado los nueve tipos por técnicas de conglomerado.

Fuente: Hook, Hall, Davis, Van Tongeren y Conner (2021).

Los siete arquetipos de Bolen. Una tesis doctoral de 2004 construyó una escala de 64 ítems sobre ese modelo y la aplicó a 263 mujeres. La estructura de siete factores no apareció: el análisis dio primero dieciocho factores y la solución que se retuvo tiene nueve componentes. Su autora lo escribe sin rodeos: el análisis mostró factores inestables y no produjo evidencia de una medida válida. Y añade la frase que más pesa aquí: posiblemente exista un número menor de constructos, y el modelo teórico necesite determinarse mejor.

Fuente: Hudson, «Measurement of the Dominant Goddess Archetypes: Development of the Hudson Archetypal Goddess Scale (HAGS)».

Y un tercero, que es el que más recursos tuvo

No es un caso de instrumentos improvisados. El indicador comercial de doce arquetipos junguianos mejor documentado del campo —cuatro años de revisión de ítems, una base de más de trece mil respuestas— publica en su propio manual técnico que tres de sus doce escalas no llegan al umbral de fiabilidad que ellos mismos fijan, que solo tres alcanzan independencia estadística de las demás, y que seis comparten más de un tercio de su contenido con otras escalas.

Fuente: Blandin, Marr y Pearson, PMAI Manual (2021).

Qué tienen en común esos tres resultados

No es que la gente no tenga patrones reconocibles. Es algo más concreto: las categorías que cada modelo propone no son independientes entre sí. Los ítems escritos para una escala puntúan alto en otra porque describen lo mismo con otras palabras, y entonces el análisis, que solo sabe mirar cómo covarían las respuestas, agrupa por donde el modelo no había previsto.

Dicho de otra manera: los modelos dibujan fronteras más finas de las que sus propios cuestionarios consiguen detectar.

Una explicación que estaba escrita antes de la medición

Lo más interesante de todo esto lo escribió Jean Shinoda Bolen en 1984, veinte años antes de que nadie midiera su modelo. Cuando alguien tiene un solo patrón dominante, dice, los tests de tipo psicológico suelen concordar. Cuando tiene dos o más, esa persona no se ajusta a ningún tipo: puede resultar introvertida o extravertida según la circunstancia y según cuál prevalezca.

Si eso es cierto, el resultado del análisis factorial era predecible. Un cuestionario que asume una categoría por persona no puede salir limpio de una población en la que la mayoría lleva varias activas a la vez. Visto así, el problema no está solo en el instrumento: está en la distancia entre lo que el modelo dice de las personas y lo que un cuestionario de autoinforme puede medir. Cómo lo describe ella.

Fuente: Bolen, Las diosas de cada mujer: una nueva psicología femenina.

Y por qué aun así te reconoces

Porque reconocerse no prueba nada. En 1948 un psicólogo entregó a treinta y nueve estudiantes el mismo perfil, montado con frases de un libro de astrología de quiosco, y la puntuación media de acierto percibido fue de 4,26 sobre 5.

Junta las dos cosas y tienes el motor de casi todos los tests que circulan: categorías que se solapan, y descripciones que encajan con cualquiera. El resultado se siente certero y no discrimina nada.

Fuente: Forer, «The fallacy of personal validation: a classroom demonstration of gullibility».

Lo que esto no significa

Tres cosas, porque pasarse de frenada aquí es tan barato como creérselo todo.

Qué hacemos con esto aquí

Es la razón de casi todas las decisiones de este sitio, y conviene verlas juntas: los dos cuestionarios devuelven tres hipótesis y todos los puntajes, nunca un veredicto; avisan cuando los dos primeros están demasiado cerca para separarlos; cada ficha lleva un párrafo que dice con qué ese patrón no es el tuyo; y cada pantalla publica en cuál de las diez fases de construcción de un test se queda.

Fuente: Muñiz y Fonseca-Pedrero, «Diez pasos para la construcción de un test».

Ninguna de esas decisiones nos hace mejores que la evidencia. Solo evitan prometer una precisión que, según lo que se ha medido hasta hoy, ninguno de estos modelos tiene.

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